Liturgia de las Horas

Oficio de lectura — meditar la Palabra

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Antes que el día ocupe el pensamiento,
buscamos, Padre, tu presencia real:
abre el oído de nuestra alma atenta
a la Palabra que nos va a hablar.

Que tu Espíritu encienda la lectura,
haga arder la memoria de tu amor,
y lo leído se nos vuelva vida,
oración callada y conversión.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu,
un solo Dios por siempre. Amén.

Salmodia Semana 1

Ant. Sáname, Señor, que mis fuerzas desfallecen.

Salmo 6 · Súplica en la tribulación Salmo 6

1Para el fin: Cántico y salmo de David para la octava.

2Señor, no me reprendas en medio de tu saña, ni me castigues en la fuerza de tu enojo.

3Ten, Señor, misericordia de mí, que estoy sin fuerzas; sáname, oh Señor, porque hasta mis huesos se han estremecido.

4Y está mi alma sumamente perturbada: pero tú, Señor, ¿hasta cuándo?

5Vuélvete a mí, Señor, y libra mi alma; sálvame por tu misericordia.

6Porque muriendo ya no hay quien se acuerde de ti; y en el infierno, ¿quién te tributará alabanzas?

7Me he consumido a fuerza de tanto gemir; todas las noches baño mi lecho con mis lágrimas; inundo con ellas el lugar de mi descanso.

8Por causa de la indignación se han oscurecido mis ojos; he envejecido y quedado endeble en medio de todos mis enemigos.

9Apartaos lejos de mí todos los que obráis la iniquidad; porque ha oído el Señor benignamente la voz de mi llanto.

10Ha otorgado el Señor mi súplica; ha aceptado mi oración.

11Avergüéncense, y queden llenos de la mayor turbación todos mis enemigos; retírense, y váyanse al momento cubiertos de ignominia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sáname, Señor, que mis fuerzas desfallecen.

Ant. Te doy gracias, Señor, de todo corazón; proclamaré todas tus maravillas.

Salmo 9, 2-11 · Acción de gracias por la justicia de Dios Salmo 9,2-11

2A ti, ¡oh Señor!, tributaré gracias con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.

3Me alegraré en ti y saltaré de gozo; cantaré himnos a tu Nombre, ¡oh Dios altísimo!

4Porque tú pusiste en fuga a mis enemigos; y quedarán debilitados, y perecerán delante de ti.

5Pues tú me has hecho justicia, y has tomado la defensa de mi causa; te has sentado sobre el trono, tú que juzgas según justicia.

6Has reprendido a las naciones, y pereció el impío; has borrado sus nombres para siempre por los siglos de los siglos.

7Quedan embotadas para siempre las espadas del enemigo, y has asolado sus ciudades. Se desvaneció como el sonido su memoria.

8Mas el Señor subsiste eternamente. El preparó su trono para ejercer el juicio;

9y él mismo es quien juzgará con rectitud la tierra; juzgará los pueblos con justicia.

10El Señor se ha hecho el amparo del pobre; socorriéndole oportunamente en la tribulación.

11Confíen, pues, en ti, ¡oh Dios mío!, los que conocen y adoran tu Nombre; porque jamás has desamparado, Señor, a los que a ti recurren.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te doy gracias, Señor, de todo corazón; proclamaré todas tus maravillas.

Ant. El Señor no olvida el clamor de los humildes.

Salmo 9, 12-21 · Dios no olvida al pobre Salmo 9,12-21

12Cantad himnos al Señor que tiene su morada en el monte santo de Sión; anunciad entre las naciones sus proezas.

13Porque vengando la sangre de sus siervos, ha hecho ver que se acuerda de ellos; no ha echado en olvido el clamor de los pobres.

14Apiádate, Señor, de mí; mira el abatimiento a que me han reducido mis enemigos.

15Tú que me sacas de las puertas de la muerte, para que publique todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sión.

16Manifestaré mi júbilo por haberme tú salvado; las gentes que me perseguían han quedado sumidas en la perdición que habían preparado contra mí. En el lazo mismo, que me tenían ocultamente armado, ha quedado preso su pie.

17Así se reconocerá que el Señor hace justicia; al ver que el pecador ha quedado preso en las obras o lazos de sus propias manos.

18Serán arrojados al infierno los pecadores, y todas esas gentes que viven olvidadas de Dios.

19Que no estará para siempre olvidado el pobre; ni quedará para siempre frustrada la paciencia de los infelices.

20Levántate, ¡oh Señor!, haz que no prevalezca el hombre malvado; sean juzgadas las gentes ante tu presencia.

21Establece, Señor, sobre ellas un legislador; para que conozcan que son hombres débiles y miserables.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor no olvida el clamor de los humildes.

V. Los preceptos del Señor son rectos.

R. Y alegran el corazón.

Primera lectura — Creación de los vivientes y del hombre Génesis 1, 20-31

20Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles animados que vivan en el agua, y aves que vuelen sobre la tierra, debajo del firmamento del cielo.

21Creó, pues, Dios los grandes peces , y todos los animales que viven y se mueven, producidos por las aguas según sus especies, y asimismo todo lo volátil según su género. Y vio Dios que lo hecho era bueno.

22Y los bendijo, diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas del mar, y multiplíquense las aves sobre la tierra.

23Con lo que de la tarde y mañana resultó el día quinto.

24Dijo todavía Dios: Produzca la tierra animales vivientes en cada género animales domésticos, reptiles y bestias silvestres de la tierra, según sus especies. Y fue hecho así.

25Hizo, pues, Dios las bestias silvestres de la tierra según sus especies, y los animales domésticos, y todo reptil terrestre según su especie. Y vio Dios que lo hecho era bueno.

26Y por fin dijo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra; y domine a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a las bestias, y a toda la tierra, y a todo reptil que se mueve sobre la tierra.

27Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; los creó varón y hembra.

28Y les echó Dios su bendición y dijo: Creced y multiplicaos, y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella, y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra.

29Y añadió Dios: Ved que os he dado todas las hierbas las cuales producen simiente sobre la tierra, y todos los árboles los cuales tienen en sí mismos simiente de su especie, para que os sirvan de alimento a vosotros,

30y a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos cuantos animales vivientes se mueven sobre la tierra, a fin de que tengan que comer. Y así se hizo.

31Y vio Dios todas las cosas que había hecho; y eran en gran manera buenas. Con lo que de la tarde y de la mañana se formó el día sexto.

V. Creó Dios al hombre a su imagen.

R. A imagen de Dios lo creó.

Segunda lectura — Sal de la tierra y luz del mundo: la vida cristiana se ve

Adaptación libre de: Homilías sobre el evangelio de san Mateo, de San Juan Crisóstomo

Cuando el Señor llama a los suyos sal de la tierra, les enseña que no viven para sí mismos. La sal no se guarda a sí misma: preserva lo que toca. Así el cristiano: se le confía lo que otros necesitan. No se nos pide sanar lo que ya está sano, sino impedir que se corrompa lo que la gracia renovó, y devolver sabor a lo que el mundo ha vuelto insípido. Nuestra fe no es un tesoro para esconder: es un encargo.

Nadie enciende una lámpara para taparla, y una ciudad edificada en lo alto del monte no puede ocultarse. La vida del cristiano está a la vista, quiera o no: la pregunta es qué muestra. Las palabras convencen poco; la conducta convence. Cuando los que nos rodean ven paciencia en la ofensa, honradez en el trabajo, mansedumbre en la discusión, entonces la luz alumbra, y la gloria no se la lleva el discípulo, sino el Padre que está en los cielos.

No digas: esto es para monjes y sacerdotes, yo soy gente común. El Señor no puso condiciones de estado ni de oficio cuando habló de la sal y de la luz: habló a pescadores y, por medio de ellos, a todos. La santidad se juega en la casa, en el mercado, en el trato diario. Un cristiano que solo se ocupa de salvarse a sí mismo entendió poco del Evangelio: la gracia recibida pide volverse don para los demás.

V. Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo.

R. Que al ver sus obras, los hombres glorifiquen al Padre.

Oración

Señor Dios, que nos creaste a tu imagen y nos confiaste el cuidado de tus criaturas: haz que trabajemos en este día como colaboradores de tu obra, con corazón agradecido y manos generosas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

V. Bendigamos al Señor.

R. Demos gracias a Dios.

Salmos y primeras lecturas: Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público. Segundas lecturas: adaptación libre propia de Padres y doctores de la Iglesia. Himno, antífonas, responsorios, oraciones y Te Deum: composición propia (edición Acutis).

Otras horas del día

Reza el oficio de lectura, la hora intermedia o las vísperas en su edición oficial con el breviario en línea.

Textos cortesía de iBreviary (edición española, © Conferencia Episcopal Española).

Liturgia de las Horas — El Buen Pastor (provisorio)